El cuaderno verde

martes, julio 11, 2006

Blog desde Palestina

Desde hace unos días, nuestro compañero, amigo y colaborador de este blog nandocrack se encuentra en Palestina realizando una acción tan desinteresada e importante como poco frecuente en estos días. Además de todas sus tareas habituales, ha sacado tiempo para iniciar un blog en el que cuenta sus experiencias en este interesante viaje que ha emprendido. Desde aquí os animo a que leáis y comentéis los artículos publicados pues creo que no tienen desperdicio alguno, además de tratarse de un testimonio de primera mano alejado de las breves noticias que podemos ver todos los días en los telediarios. La dirección es la siguiente http://volpal2006.blogspot.com/. Animáos y participad un poco.

martes, abril 18, 2006

LA HISTORIA DE ISAAC Y MOHAMED

Érase una vez el pequeño poblado de Villa Injusta, de sólo 198 familias, entre ellas las de Isaac y Mohamed, dos vecinos con fincas colindantes. Isaac, había sido un sin techo pisoteado por algunos de los habitantes de Villa Injusta hasta 1948, Ese año, gracias a su amistad con “el tío George”, uno de las personas más poderosas e influyentes del poblado, el Ayuntamiento expropió el 50 % de los terrenos de la parcela de Mohamed y se los regaló a Isaac con la justificación de que hacía 3000 años esas tierras habían sido de los antepasados de su familia. No contento con lo que se le concedía, Isaac proclamó sus derechos sobre el 50 % restante, y se anexionó por la fuerza toda la propiedad de Mohamed. Éste, desconcertado, pidió al Ayuntamiento que se aplicase la ley, pues, precisamente en aquella época, se acababan de publicar bonitas normas sobre los derechos y libertades de los ciudadanos de Villa Injusta. Pero lamentablemente, el poder en el pueblo de nuestra historia está controlado por un grupo de gerifaltes corruptos –los capos George, Vladimir, Jacques, Hu y Tony-, que hicieron la vista gorda con las gamberradas del vecino Isaac, desobediente pero, en el fondo, rico. Como mucho los caciques de Villa Injusta podían publicar una serie de edictos en los que se regañaba a Isaac, y se le decía que si no se portaba bien el tío George le retiraría la paga; pero en ningún momento se le amenazó, ni con un azote en el culo.

Y hasta hoy Isaac no se ha portado bien; además de robar las tierras a Mohamed, ha construido en ellas y las ha fragmentado, regalándole casas a sus hijos, ha talado los olivos y dejó a Mohamed sin agua cuando se apoderó de un riachuelo que cruzaba la parcela, les ha encarcelado amurallando la finca, ha controlado la salida y entrada de Mohamed y de su familia, les ha escupido, maltratado, humillado, raptado, asesinado... Algunos de los hijos de Mohamed intentaron organizarse para defenderse del siniestro Isaac, pero un abismo separa las fuerzas de Mohamed y familia de la de sus vecinos, lo que trajo la resignación del resto de los parientes. Con todo, algunos, presos del odio, de la ira y de la desesperación, han sacrificado su vida por los suyos. Por las calles de Villa Injusta se les llama con desprecio terroristas, calificativo que parece no estar reservado para Isaac porque, gracias al fabuloso poder manipulador de Tele Injusta, los peces gordos del poblado han dibujado un mundo de fantasía y colorines, de sherifs buenos y peligrosos maleantes. Mohamed, que no es rico ni tiene amigos influyentes pertenece por supuesto al grupo de estos últimos. Según Tele Injusta, sólo un pobre puede ser terrorista y, aunque quiera defenderse porque un rico va a acabar con él, será un terrorista. Los ricos abusones no son terroristas. Son soldados, que usan la violencia para contener a los peligrosos pobres rebeldes que no saben aceptar su condición de parias. Por si fuera poco, los miembros de un club de clase alta de Villa Injusticia que se hacen llamar “los europeos” y que, cómplices de los crímenes de Isaac, donaban hipócritamente unas limosnas a Mohamed para que pudiera sobrevivir, decidieron la semana pasada que no se merece estas ayudas por ser un terrorista.

Este es el final de la historia, o al menos lo que se sabe de ella hasta ahora. No es un final feliz como el de los cuentos. El malo se sale con la suya y el bueno pierde. Pero por desgracia no puedo inventarme otro final porque ésta no es una historia de ficción. Se trata de la historia real de Israel y Palestina. Tú y yo participamos en ella, somos habitantes de este miserable pueblo, socios del club de los europeos, al que se le llena la boca hablando de justicia y derechos humanos y que con la supresión de ayuda financiera a los palestinos va a causar una catástrofe humanitaria. Ese mismo club que -a pesar de que los dirigentes del Estado Israelí rehúsan aplicar la IV Convención de Ginebra, no reconocen un Estado Palestino, no respetan los acuerdos firmados y no renuncian a la violencia contra la población civil palestina- no ha amonestado a este Estado en ningún momento. Sin embargo nuestro club dice que los palestinos son terroristas y les exige lo que es incapaz de exigir al gobierno de Israel, que es sin embargo el Estado agresor. ¿sigues creyendo aún que los palestinos son terroristas? ¿quién es entonces el terrorista, Isaac o Mohamed?
¡VIVA PALESTINA LIBRE!

viernes, abril 14, 2006

Marrakech: la aventura africana a nuestro alcance.

Me sorprendo por lo poco que valora el mundo desarrollado la aventura y el exotismo de otras civilizaciones. Parece que entre las preferencias de las sociedades ultraconsumidoras y hedonistas occidentales no se encuentra el placer de explorar mundos distintos, de descubrir rincones del planeta desconocidos o de encontrarse con gentes con unos valores y una forma de vivir que ignoramos por completo. Es la impresión que me llevo al observar lo que más aprecia la sociedad en la que vivo: lujo, comodidad, tranquilidad, relax, ocio, vicio... En lo más alto del ranking de preferencias unas vacaciones en Punta Cana o en un crucero; en Ibiza o en la Costa del Sol.

Sin embargo, creo que muchos desconocen las sorpresas que esconden otros destinos más olvidados. Algunos pensarán al leer estas líneas que escaparse a un país lejano es algo que sólo se pueden permitir los bolsillos más pudientes, pero por la accesible cantidad de 170 euros acabo de volver de una visita de cinco días a Marrakech que ha satisfecho plenamente mi afán aventurero. Tras mi experiencia solidaria en Palestina es el segundo viaje de este tipo que emprendo y de nuevo he sentido la magia del pasado verano: la intensidad de las relaciones con personas de otra cultura, la emoción de levantarme sin saber qué sorpresas me deparará el nuevo día, la riqueza de sabores, olores, sonidos... Ha sido otra vez fascinante. Me quedo para el recuerdo con grandes momentos:

El viaje de ida de once horas en un tren cochambroso, de los años 60 –según mi compañero de asiento marroquí-, con una luz lúgrube y unos vaivenes que hacían temer por un descarrilamiento. A ello se añade que nos encontrábamos hacinados en un vagón sobrecargado de pasajeros. Aunque parezca un episodio tremebundo tuve la sensación de haber viajado atrás en el tiempo. Fue un preludio perfecto para nuestra llegada porque hizo más patente que habíamos traspasado la frontera que separa a nuestro previsible mundo civilizado de la vida rebosante, bulliciosa y alborotada que hace años que nuestra sociedad desechó.

Said y Youssef, los dos amigos marroquíes que nos guiaron y nos ayudaron en todo momento. Aunque al principio no nos transmitían mucha seguridad porque parecían unos pasaos raveros de poco fiar, con el tiempo nos dimos cuenta de que lo daban todo por nosotros. Sin ellos el viaje no habría sido el mismo.

El tour en bicicleta sorteando el caótico tráfico de la ciudad. A pesar de que nos estábamos jugando el pellejo –si ya es peligroso ir en bici en una ciudad española, imaginad en una marroquí- nos lo pasamos como críos con su juguete de reyes.

La plaza de Jemaa Elfna. Había leído antes de llegar a Marrakech que la ciudad merecía la pena tan solo por este lugar y es verdad. En realidad se trata de una explanada, vacía de atractivo arquitectónico, pero llena de reclamo humano, porque desde bien temprano miles de figurantes inundan su espacio con su música, sus mercancías y sus atracciones componiendo una escena en la que merece la pena participar. Por si fuera poco, la puesta de sol es alucinante, un espectáculo de luces y colores acompañado de la locura de la música y los gritos de la plaza, que asombrosamente se vuelven silencio sobrecogedor cuando con la caída del sol el almuecín convoca a los creyentes a la mezquita.



Las maravillosas vistas desde la cordillera del Atlas con el río Oureka, el rojo y el verde intensísimo de la montaña, las gentes de ese mundo rural y apacible... Más allá, el desierto, África, una tierra extensísima y que esconde innumerables riquezas de vida y naturaleza.

Desconozco hasta cuándo el mundo nos ofrecerá esta diversidad que, por fortuna, se encuentra tan cerca nuestra, en Marruecos. Lamentablemente el tiempo unificará hasta el último rincón del planeta y lo diferente será sólo un recuerdo museificado del que sacará provecho el todopoderoso Dios “Consumo”. Mirad lo que ha pasado con Europa. Creo que no debe ser lo mismo una visita al Londres, París o Viena de hoy, que una de hace unas cuantas décadas. Mc Donalds y compañía han restado encanto a la experiencia de viajar. El centro histórico de nuestras ciudades es sólo un teatro que intenta reproducir y explotar económicamente, a veces sin éxito, la originalidad que hace tiempo perdió. Por supuesto, no niego que se disfrute recorriendo el viejo continente, pero hoy seguro que cuesta más trabajo exprimir el jugo sabroso de esos países que hace unos años. Extraer esos sabores de un viaje a otra cultura no cuesta nada sin embargo. Al contrario, es inevitable enamorarse de esos lugares extraños y de esas gentes entrañables y acogedoras. En fin, no nos engañemos, a pesar de lo que diga la embaucadora publicidad, los verdaderos tesoros de nuestro mundo no los encontraremos en la artificial “Marina d´Or ciudad de vacaciones”, sino en lugares auténticos, como Marrakech.

lunes, abril 03, 2006

¿Servicios o estrategia?

En la prensa de hoy, tanto en la nacional como, sobretodo, en la local, se está notando una tendencia al alza. Esta orientación está calando fuerte, ya sea por imposición al o por petición del público. No hay más que abrir los ojos por la calle para darse cuenta: mucha gente abre el periódico al revés. Es decir, empezando por detrás, por lo que interesa: por la parte de servicios útiles. Y es que el resto de información puede esperar, o puede llegar por otros medios. Lo más interesante es cómo se presenta la bolsa, qué película echan en el cine del barrio o, por si no interesa, la programación de Canal +.

PRENSA CON REGALITOS. No puedo dejar de sorprenderme cada vez que echo un vistazo al salón de la mayoría de las casas que conozco y observo, maravillada, estanterías repletas de clásicos del cine negro, discos de grupos míticos o colecciones completas (y bastante amplias, por cierto) sobre la Semana Santa de Sevilla o los toros en la Maestranza.
Cada vez más, los periódicos basan su tirada en la aceptación de las promociones. Yo misma puedo considerarme una adicta al “coleccioneo”, pues ahora sin ir más lejos, estoy haciendo tres colecciones a la vez. Muchas veces me pregunto si esta nueva estrategia de márketing está relacionada con la feroz competencia tecnológica a la que tiene que hacer frente la prensa escrita o si el aumento de calidad de los “obsequios” es inversamente proporcional a la calidad informativa del medio en cuestión. En todo caso, este ya un factor determinante en la elección de una u otra cabecera. Ya sea gratis o con abono de precio adicional, las promociones se están convirtiendo en el pan nuestro de cada día.
Tienen sus ventajas, eso sí, la sociedad necesita cultura y esta es una manera eficaz de ponérsela en bandeja. Sin embargo, si observamos detenidamente los logotipos empresariales e institucionales de las carátulas, portadas y demás, nos asalta una nueva sospecha: ¿hace la presencia de patrocinadores menos fiable mí periódico? Quede ahí una invitación a la reflexión, aunque creo que con la lógica que rige al mundo ya está todo dicho.

EL QUE PAGA MANDA. En los inicios de la profesión periodística, la publicidad asaltó las páginas de la prensa para regocijo de sus dueños. Venía por fin un salvador a limar los barrotes entre los que se apresaban los contenidos. Con la financiación que los anuncios de todo tipo daban a los periódicos, éstos ganaban autonomía e independencia de los poderes públicos, que hasta entonces habían sido el yugo de la libertad de expresión.
Poco a poco, los anunciantes han ido pasando de ser salvadores a ser verdugos y a sustituir a sus antiguos subyugadores condicionando la información en base a sus propios intereses empresariales. De buena tinta es sabido que sin ellos el negocio de la información impresa se viene a pique por el acecho de la audiovisual, más rápida y avanzada. Este poder que les confiere su dinero ha llevado a los dueños de los medios escritos a adoptar la famosa máxima: “si no puedes con el enemigo, únete a él”
El aumento de la publicidad va estrechamente vinculado en los diarios actuales al aumento del periodismo de servicios. Aprovechando la información útil y de interés ciudadano, se insertan anuncios relacionados con los contenidos en posiciones estratégicas. Así, la acumulación de anunciantes de un determinado sector, da lugar a suplementos idóneos para darles salida. Construcción, bodas, Navidad, negocios, salud... cuadernillos que engrosan los periódicos y que sirven de gancho a sus dos clientes principales: anunciantes y lectores.
Esta invasión publicitaria y su incursión en los contenidos, puede pasar desapercibida en los diarios de tirada nacional, pero no así en los locales. En los que, dentro de estos últimos, tienen la característica de gratuidad, esta ventaja llega en ocasiones a convertirse en un abuso. Se da por hecho que si una empresa se anuncia, junto al espacio publicitario contratado aparecerá un suplemento extra en forma de información. Llegamos entonces a lo que se conoce como publirreportaje. El problema es cuando este tipo de publicidad encubierta no se identifica adecuadamente y se le vende a los lectores como una noticia de actualidad o como un reportaje útil. Es ahí dónde los periodistas pierden su nombre para pasar a llamarse lacayos.

ANDE YO CALIENTE... La globalización ha provocado que a todos nosotros nos lleguen, diariamente, noticias de todo el mundo. Si el presidente de un país de nombre impronunciable se tira un pedo (con perdón), seguro que allí habrá un periodista de cualquier agencia de noticias internacional para captar el momento. Al día siguiente la flatulencia de ese buen señor sonará por todo el mundo. Todo es cognoscible, desde lo más importante hasta lo más nimio. Pero, ¿en qué afecta eso a la vida diaria de la mayoría de las personas corrientes? En nada. La gente quiere saber quién se ha muerto en su barrio, si en su calle vive alguien que pueda cuidar del niño, si viene un actor famoso al pueblo... Cosas que importan. Es por eso por lo que el periodismo de servicios se está imponiendo en la prensa local y nacional. Los periódicos se estructuran ahora de fuera a dentro. La información útil, esa que se lee de un vistazo porque se reconoce por la forma y por su ubicación, suele ocupar las páginas finales. Se vuelve así a los antiguos periódicos de avisos del siglo XIX, en los que la información podía relegarse a una segunda lectura más pausada. Al fin y al cabo, el olor seguro que se mantiene dentro del periódico unas horas más; mientras vamos al cine, hoy que va a hacer buen día.

miércoles, marzo 29, 2006

Habla inglés con 9 palabras.

Os garantizo que tras leer este artículo vais a hablar inglés al 85 %, con mi nuevo método; el método de las 9 palabras:

Hello.
Good Bye.
My name is...
I love you.

¿Véis qué sencillo? Ahora ya podréis comunicaros en inglés hasta con el mismísimo Tony Blair.

Quizás no hayáis oído hablar del método del Profesor Maurer, pero yo llevo meses escuchando un anuncio en la radio y ahora acabo de recibir un e-mail con su publicidad. No son 9 palabras, pero sí 1000 que, como podréis imaginar, no son muchas más. Cuando lo escuché por primera vez pensé que era un timo y que nadie se iba a creer lo que contaba ese tío con su acento entre mexicano y americano de California, muy al estilo del Aznar de los mejores tiempos; pero parece que al Maurer éste le está saliendo muy bien la jugada porque sino no se explica que, con lo caro que sale anunciarse, siga con la misma campaña publicitaria después de tanto tiempo.



En fin, creo que la campaña roza los límites de la publicidad engañosa aunque, como sabéis bien, la Ley sólo se cumple a veces –bueno prueba de ello la está dando la Ley Antitabaco-. Para aprender un idioma hace falta cargarse de paciencia, trabajar duro y, sobre todo, pasar una buena temporada en un país que tenga por lengua materna ese idioma que estás aprendiendo. De lo contrario, el que piense que con 1000 palabras sabrá inglés, se va a llevar un buen chasco y en el primer momento en que entable una conversación con algún angloparlante se acordará de Maurer y de su madre. En cualquier caso, los más perezosos debéis saber que las 9 palabras de mi método serán suficientes para cierto tipo de conversación. Eso sí, usadlas con cuidado cuando habléis con Tony Blair.

miércoles, marzo 22, 2006

Una gran noticia

La noticia del inicio del fin de ETA tiene lo que tienen las buenas noticias; que se van gestando durante largo tiempo y, cuando definitivamente se conocen, el potencial de júbilo que producen se ve muy reducido porque ya eran esperadas. En cambio, las malas son súbitas y desgarradoras, su potencial de dolor es ilimitado, como las catástrofes naturales, los accidentes trágicos o los atentados terroristas. Por eso, esta mañana cuando me enteré, sentí la alegría de escuchar una gran noticia, sí, pero era una especie de alegría descafeinada. Y es que el anuncio ha servido para confirmar lo que ya sabíamos, que ETA se precipita hacia su desaparición, y para dejar constancia escrita de lo que era ya una situación de hecho, el fin de los asesinatos. Me acuerdo, por poner un ejemplo de pésima noticia reciente, de la conmoción, indignación y sobresalto de los atentados del 11-M. Sin embargo, hoy la gente no se ha echado en masa a la calle, no ha llorado de alegría ni festejado el esperado anuncio de los terroristas. En parte, he tenido la sensación de que casi hemos olvidado lo padecido durante años por culpa de esta panda de canallas de ideas fascistas que tenía aterrorizado a un país entero, que destrozó familias y que sembró de odio y enfrentamiento la sociedad. Yo, aunque en Sevilla, he sentido mucho miedo por culpa de ETA. Mi padre trabaja en una zona militar y hasta sus ritmos de trabajo han estado condicionados por la banda, porque, para evitar un atentado masivo, el centro variaba los horarios de entrada y salida de los trabajadores. Yo también he estudiado en esa misma zona militar y he tenido que abandonar mis clases por una amenaza de bomba, entre los llantos de pánico de algunos compañeros. Si eso lo he sufrido yo aquí en el sur, ¿cómo de grandes han tenido que ser los padecimientos de la gente de Euskadi? Me acuerdo de las muertes en mi ciudad de Muñoz Cariñanos o de Alberto Jiménez Becerril y su esposa, y también de las muchas manifestaciones por cada víctima en los últimos años. Miedo, secuestros, asesinatos, manifestaciones... han marcado el tiempo que me ha tocado vivir hasta hace poco, y ahora, por fin se acaban. Por eso me da rabia que esta noticia tan positiva no se pueda festejar por todo lo alto. Sé que no es posible, que sería imprudente y podría hasta devolverle el veneno a la serpiente; pero al mismo tiempo sé que este anuncio es de lo mejor que ha pasado en los últimos años y que es injusto no poder celebrar colectivamente que nos hemos desquitado, que los matones han dicho por fin que se rinden y que esta batalla, definitivamente, la hemos ganado nosotros.

domingo, marzo 19, 2006

Nos faltan agallas

Los ilusionados jóvenes que en los últimos años han cursado la carrera de Periodismo han encontrado, al salir, algo muy diferente a lo que se esperaban. El periodista intrépido, arriesgado, conocedor y trasmisor de la verdad ha pasado a la historia. En su lugar van apareciendo oficinistas cuya tarea más arriesgada se limita a corregir las faltas de ortografía y de construcción que se encuentran en los astrosos comunicados de prensa.

¿Es que los periodistas de hoy se han olvidado de los principios básicos que históricamente daban sentido a su oficio? ¿Será quizá que hay factores dentro de este submundo de la información que los impelen a actuar así? A mi modesto entender creo que la respuesta es una mezcla de ambas cuestiones.

Desde que apareció, el periodismo se ha caracterizado por ser la profesión más libre, capaz de desenmascarar a los villanos, de aumentar el conocimiento del pueblo sobre aquellos asuntos que pretendían ser ocultados... Gracias a esto, a lo largo de los siglos la prensa y otros medios de comunicación han ido sumando poder paulatinamente. Así llegamos hasta hoy, día en el que la prensa se sitúa sólo por debajo del poder económico.

Quizá haya sido esta gran acumulación de poder la que se haya vuelto contra los profesionales. El actual y agresivo capitalismo de mercado no puede permitir que una panda de insurgentes (los periodistas) eche abajo el status quo que tantos beneficios les reporta. Por eso, poco a poco y casi imperceptiblemente ha ido haciéndose con esas gallinas de los huevos de oro (los medios) para girarlas hacia sus intereses.

La concentración de poder empresarial acelerada de los últimos años ha provocado que casi toda la información provenga de las mismas manos. Esto hace que los medios de comunicación nacionales e internacionales se homogeneicen y digan sólo lo que interesa que se sepa. Hay una serie de intereses creados que se mantienen desde el propio seno de la empresa comunicativa. A menudo el propio dueño de los medios es un persona totalmente ajena al mundo periodístico. Como ejemplo podemos detenernos en el caso italiano. Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia, ha ido acumulando cada vez más empresas de comunicación tanto en su territorio como fuera de las fronteras nacionales. Sin ir más lejos, una de las cadenas privadas de mayor audiencia en España, Tele 5, le pertenece. El mundo de la política se mezcla así con la comunicación, provocando una situación cuanto menos incómoda para los periodistas. Hace dos años, la directora de la cadena pública italiana anunció su dimisión por considerar que su medio estaba demasiado politizado.

¿Es eso lo que nos queda? ¿La disyuntiva se reduce a tragar o dimitir? Probablemente no. Cuando un periodista saca los pies del plato, el propio sistema se pone en marcha para neutralizarlo. No pasaría lo mismo si todos hicieran lo mismo. La prensa tiene mucho poder, pero no se encauza debidamente. Si en lugar de olvidarse del público, bendito ente que le da sentido, y procurar confundirlo con una lluvia de informaciones inconexas que no dicen nada, los periodistas volvieran a tomar las riendas, todo sería diferente.

La publicidad es otra gran presión con la que los profesionales de los medios han de lidiar a diario. Los grandes anunciantes sostienen en gran medida las empresas, asegurándose así la salvaguarda de su imagen a golpe de talonario. En los medios locales, y sobre todo en los gratitos, esta amenaza se vuelve aún más temible condicionando los contenidos. Los publirreportajes, que deterioran la calidad y el prestigio de los medios, están a la orden del día.

Desde la propia redacción se alienta a los periodistas a no pensar, a no investigar, a no ser útiles a la sociedad que los engendró. A cambio, prometen estabilidad y nivel de vida. Pan y circo.
Sin embargo, hay una reflexión primordial que se nos escapa: si nos amenazan, nos presionan y nos ocultan información es porque nos temen. Y si nos temen es porque podemos con ellos. Podemos mejorar el periodismo: hagámoslo.