Caminos

Por las calles del Aljarafe no se ven personas. Lo comprobé el otro día cuando comía con mi familia en un restaurante de Tomares que está a 10 minutos de mi casa y decidí volver a pie, en lugar de esperar al resto y coger el coche. La escena desértica me hizo pensar y recordar: hace unos años la gente hacía sus caminos andando y se cruzaba con sus vecinos, hablaba más y, en el fondo, convivía más. Hoy, sin embargo, todos nuestros desplazamientos los hacemos a bordo de un cubículo con ruedas, aislados de los que tenemos cerca, todo se ha vuelto más anónimo, más deshumanizado.
La verdad es que esta vida moderna tendrá sus ventajas y a muchos les harán sentir orgullosos las comodidades y progresos que ha experimentado nuestra civilización; pero, cuando se opta por un modelo de vida de entre los posibles se desechan a su vez otros, que no han de ser sencillamente peores, sino que tienen sus ventajas e inconvenientes. Escogimos la facilidad de movernos rápidamente pero a costa del sacrificio de la cercanía y el contacto humano. Por cierto, observo que ha aumentado el número de gente que se incomunica gracias a unos cascos y al reproductor de MP3. Cada vez más autismo social.
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