El cuaderno verde

domingo, marzo 19, 2006

Nos faltan agallas

Los ilusionados jóvenes que en los últimos años han cursado la carrera de Periodismo han encontrado, al salir, algo muy diferente a lo que se esperaban. El periodista intrépido, arriesgado, conocedor y trasmisor de la verdad ha pasado a la historia. En su lugar van apareciendo oficinistas cuya tarea más arriesgada se limita a corregir las faltas de ortografía y de construcción que se encuentran en los astrosos comunicados de prensa.

¿Es que los periodistas de hoy se han olvidado de los principios básicos que históricamente daban sentido a su oficio? ¿Será quizá que hay factores dentro de este submundo de la información que los impelen a actuar así? A mi modesto entender creo que la respuesta es una mezcla de ambas cuestiones.

Desde que apareció, el periodismo se ha caracterizado por ser la profesión más libre, capaz de desenmascarar a los villanos, de aumentar el conocimiento del pueblo sobre aquellos asuntos que pretendían ser ocultados... Gracias a esto, a lo largo de los siglos la prensa y otros medios de comunicación han ido sumando poder paulatinamente. Así llegamos hasta hoy, día en el que la prensa se sitúa sólo por debajo del poder económico.

Quizá haya sido esta gran acumulación de poder la que se haya vuelto contra los profesionales. El actual y agresivo capitalismo de mercado no puede permitir que una panda de insurgentes (los periodistas) eche abajo el status quo que tantos beneficios les reporta. Por eso, poco a poco y casi imperceptiblemente ha ido haciéndose con esas gallinas de los huevos de oro (los medios) para girarlas hacia sus intereses.

La concentración de poder empresarial acelerada de los últimos años ha provocado que casi toda la información provenga de las mismas manos. Esto hace que los medios de comunicación nacionales e internacionales se homogeneicen y digan sólo lo que interesa que se sepa. Hay una serie de intereses creados que se mantienen desde el propio seno de la empresa comunicativa. A menudo el propio dueño de los medios es un persona totalmente ajena al mundo periodístico. Como ejemplo podemos detenernos en el caso italiano. Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia, ha ido acumulando cada vez más empresas de comunicación tanto en su territorio como fuera de las fronteras nacionales. Sin ir más lejos, una de las cadenas privadas de mayor audiencia en España, Tele 5, le pertenece. El mundo de la política se mezcla así con la comunicación, provocando una situación cuanto menos incómoda para los periodistas. Hace dos años, la directora de la cadena pública italiana anunció su dimisión por considerar que su medio estaba demasiado politizado.

¿Es eso lo que nos queda? ¿La disyuntiva se reduce a tragar o dimitir? Probablemente no. Cuando un periodista saca los pies del plato, el propio sistema se pone en marcha para neutralizarlo. No pasaría lo mismo si todos hicieran lo mismo. La prensa tiene mucho poder, pero no se encauza debidamente. Si en lugar de olvidarse del público, bendito ente que le da sentido, y procurar confundirlo con una lluvia de informaciones inconexas que no dicen nada, los periodistas volvieran a tomar las riendas, todo sería diferente.

La publicidad es otra gran presión con la que los profesionales de los medios han de lidiar a diario. Los grandes anunciantes sostienen en gran medida las empresas, asegurándose así la salvaguarda de su imagen a golpe de talonario. En los medios locales, y sobre todo en los gratitos, esta amenaza se vuelve aún más temible condicionando los contenidos. Los publirreportajes, que deterioran la calidad y el prestigio de los medios, están a la orden del día.

Desde la propia redacción se alienta a los periodistas a no pensar, a no investigar, a no ser útiles a la sociedad que los engendró. A cambio, prometen estabilidad y nivel de vida. Pan y circo.
Sin embargo, hay una reflexión primordial que se nos escapa: si nos amenazan, nos presionan y nos ocultan información es porque nos temen. Y si nos temen es porque podemos con ellos. Podemos mejorar el periodismo: hagámoslo.

2 Comments:

  • Mochuelo me ha parecido muy interesante tu opinión porque yo soy una más de las miles de víctimas del silencioso genocidio laboral perpetrado en las facultades de Comunicación. ¿Tú también lo eres?

    Desde luego, el panorama con el que se encuentra el licenciado en Periodismo es siniestro: endogamia llevada a extremos muy superiores a los de otros sectores, precariedad laboral garantizada durante años, ambiente hostil en las redacciones debido a la desconfianza ante la amenaza laboral que suponen "los nuevos"... Por otro lado, ¿cuántos de nosotros acaban trabajando en algo relacionado con el periodismo? Creo que debe ser una de las tasas más bajas de entre todos los estudios universitarios. Y a todo ello se suma lo que tú comentas en tu artículo: periodistas reducidos a copistas y fijados con clavos a la silla de la redacción. Debe ser muy duro y frustrante trabajar así durante años. Quizás por eso hay tanto periodista joven. Porque a los pocos años la mayoría se retira con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas.

    Por un lado estoy de acuerdo contigo Mochuelo: ¡mejoremos el periodismo! Pero, sin embargo, no propongas metas tan ambiciosas porque sólo generarán más frustración. No vamos a acabar cuatro locos ni con el capitalismo salvaje ni con la injerencia del poder político. En mi opinión son más urgentes las mejoras laborales vía convenios colectivos y acuerdos de empresa, en particular poniendo especial énfasis en acabar con las becas de prácticas abusivas, que se eternizan durante meses y condenan al becario a la esclavitud del medio, en muchos casos sin ver ni un euro a cambio. En cuanto al fin del “periodista-oficinista”, eso ya es más complicado. Creo que es un virus causado más bien por la proliferación de medios y por la apuesta por la reducción de costes en lugar de por la calidad. En ese caso, pienso que la solución es más viable orientando la carrera profesional de cada cual hacia medios que apuesten por la calidad. No creo que haya desaparecido el periodista de raza que retratas en tu artículo, pero desde luego ese tipo no está en la redacción del 20 Minutos, de Tele Sevilla o de Radio Gelves.

    By Blogger nandocrak, at 12:01 p. m.  

  • Amigo Nandocrak,

    Me parecen muy interesantes las ideas que aportas en tu comentario, y por lo general estoy de acuerdo con ellas, ya que, y respondiendo a tu pregunta, sí, soy un currito más de este mundo de pseudoinformación en el que tenemos que internarnos después de la facultad.
    Creo que divagar sobre soluciones utópicas entre nosotros no serviría de mucho, si queremos mejorar el colectivo quizá tengamos que empezar por hacerlo a nivel pesonal, al menos mientras ocupemos el escalafón más bajo.
    La pregunta ahora estriba en qué hacer, ya que suena heróico decir que renunciarías a unas prácticas en una empresa con cuya línea ideológica no comulgas o que tú por amor al arte no trabajarías jamás. Hasta que te llega el turno. Yo lo dije y, tristemente, he estado un año trabajando en el diario ABC (nueve meses sin cobrar) y actualmente soy el último mono de Europa Press --Opus Dei--. Espero que mi tajante afirmación "prefiero limpiar escaleras que trabajar para el corazón" no cambie, aunque supongo que es complicado rechazar por principios, tal y como está la cosa, más de cien euros diarios por formular dos preguntas a un "famoso" que, encima, ni siquiera va a contestarte.
    Encima del tapete dejo este otro debate, que también juzgo interesante.
    Un saludo.

    By Blogger Mochuelo, at 3:03 p. m.  

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